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Guía

El deseo no es un propósito de año nuevo

Hay una presión silenciosa que llega con cada enero: la de sentir que el deseo, como el gimnasio o la despensa, se puede reiniciar con la fecha. Y quien lleva meses o años notando que "ya no le apetece nada" recibe el mensaje doble: algo va mal y además es tu culpa por no proponértelo. Este artículo va en contra de las dos cosas. El deseo no es un propósito: no vuelve porque cambie el calendario, ni se apaga por falta de voluntad. Pero hay cosas que sí lo sostienen —en enero y en cualquier mes—, y merece la pena saber cuáles son y en qué orden mirarlas.

Si solo vas a leer un párrafo. Nada de esto se reinicia con el año: ni el deseo, ni el cuerpo, ni la relación. Lo que sí se sostiene es más modesto y más eficaz: atajar primero el dolor (un cuerpo que anticipa dolor no desea), defender el sueño, y devolver al día tiempo sin pantallas y tiempo de pareja sin reloj. El deseo de esta etapa suele ser más reactivo que espontáneo: aparece cuando las cosas ya van bien, no antes. No es una avería ni una deuda de enero: es un terreno que se cuida como se cuida cualquier otro.

Lo que enero no puede por ti

Empecemos por lo que no, que es lo que la temporada insiste en prometer. El deseo no obedece al calendario: cambiar de año no reactiva nada, igual que el primero de enero no cura una sequedad ni ordena una relación. Tampoco obedece a la fuerza de voluntad: el deseo no se puede disciplinar como una dieta, y los intentos de hacerlo acaban en la escena más triste de todas —el sexo por cumplir—, que suele dejar el problema peor y la culpa mayor. Y no lo devuelve ningún producto: un lubricante quita fricción y un hidratante cuida tejido, que ya es algo, pero ninguno de los dos fabrica apetito; la ley que gobierna lo que se vende con pretendida finalidad sanitaria (el Real Decreto 1907/1996) no lo permitiría, y la realidad tampoco. Si enero trae algún mensaje útil, es este: se puede empezar a mirar el terreno, que es distinto de prometer cosecha.

Lo que sí se sostiene (y funciona en cualquier mes)

1. Atajar el dolor primero

El apoyo más eficaz y el menos glamuroso: si las relaciones duelen —por sequedad, por tensión, por lo que sea— el deseo baja la persiana antes de que la cabeza se entere. No es rechazo a la pareja: es el cuerpo protegiéndose de lo que asocia con dolor. Por eso el primer sostén del deseo nunca es el deseo: es quitar el dolor de en medio, con la guía de dolor y la guía de sequedad si esos son los tuyos. Cuando eso se arregla, muchas veces el deseo asoma solo, porque nunca se había ido del todo: estaba escudándose.

2. Defender el sueño

Dormir mal apaga el deseo con eficacia quirúrgica, y esta etapa trae noches rotas de fábrica: sofocos que despiertan, madrugadas en vela, mentes que repasan la lista a las cuatro. No se puede construir apetito sobre agotamiento; el orden importa. El sueño se defiende como se defiende una cita: horario regular, dormitorio fresco, última media hora del día sin pantallas. Y si los sofocos son los que cortan el descanso, eso se dice en consulta, porque hay opciones que se valoran según cada caso y no hay que resignarse a dormir mal años.

3. Tiempo sin pantallas y tiempo de pareja sin reloj

El tercer sostén es el más cotidiano y el que la vida actual erosiona primero: tiempo. Tiempo sin pantallas —la última hora del día no es para el teléfono, que es justo donde el deseo reactivo empieza a respirar— y tiempo de pareja sin reloj ni guion, que no es sinónimo de sexo: es la condición de la que el sexo puede salir. Para quien no tiene pareja, el razonamiento es el mismo con otra geografía: tiempo para uno sin rendimiento de por medio. Ninguna de estas tres cosas se compra ni se anota en una lista de propósitos; se defienden de la agenda como se defiende cualquier otra cita importante, porque lo son.

El deseo que cambia de forma (y no de importancia)

Y ahora la parte que casi nadie cuenta, y que quita un peso enorme cuando se entiende: el deseo cambia de forma en esta etapa, y ese cambio no es una pérdida. El modelo de respuesta sexual que usan las sexólogas desde hace años (Basson, 2001) describe algo que muchas mujeres reconocen al instante: con los años manda menos el deseo espontáneo —"apetecer de la nada"— y más el deseo reactivo, que aparece cuando las cosas ya van bien: contexto, tiempo, contacto, intención. No es un deseo peor; es un deseo que responde a otra llave. Quien espera el impulso antiguo como condición concluye que "ya no me apetece nada" antes de tiempo; quien entiende el cambio suele encontrarse con un deseo más lento y más suyo que el de los treinta. La distinción entre "no me apetece nada" y "a mí me empieza a apetecer cuando…" es, literalmente, la diferencia entre resignarse y empezar.

La parte que no es de temporada

Por si queda alguna duda de si esto es solo cosa de enero: no. Los datos, que no miran el calendario, dicen que el deseo y la actividad sexual no desaparecen con la edad ni con la menopausia. Un estudio con más de 800 mujeres de entre 40 y 99 años (Trompeter y cols., 2012) encontró actividad sexual en todas las décadas estudiadas y concluyó que la función sexual en esta etapa depende más de la salud general y de la pareja que de la edad. La encuesta nacional sobre envejecimiento saludable de la Universidad de Míchigan (2018, personas de 65 a 80 años) encontró a una de cada tres mujeres sexualmente activas en ese tramo, y que la salud general y tener pareja explicaban buena parte de la diferencia. Traducción sin adornos: una parte importante de lo que parece deseo perdido es circunstancia —salud, dolor, cansancio, contexto—, y la circunstancia cambia más que la fecha. Todo el arco de este tema, de los 50 en adelante, está desarrollado en la guía madre de la sexualidad después de los 50 y en la guía de deseo, que ordena los apagones concretos cuando lo que hace falta es lista y no consuelo.

Cuándo esto es consulta

  • Si el bajo deseo viene con tristeza persistente, con no reconocerse o con la sensación de estar apagada por dentro: eso tiene atención específica que funciona, y cuanto antes se dice, mejor.
  • Si llegó de golpe junto con otros cambios —sueño, ánimo, cuerpo— o coincidiendo con un cambio de medicación: se descarta en consulta, no en internet. La medicación completa, escrita, vale más que cualquier suposición.
  • Si hay dolor con las relaciones: primero el dolor, después el deseo. El orden no es capricho; es mecánica del cuerpo.
  • Si el silencio con la pareja lleva meses: nombrarlo cambia más que aguantarlo, y la sexología clínica existe exactamente para esto. Pedirla es lo normal.

Y la regla de la casa, una vez más y por si el enero de turno la susurra: acompañar es ordenar el camino hasta la consulta y el confort mientras llega. Curar no es trabajo de una tienda, y esta no lo pretende.

Fuentes

  1. Basson R. Human sex-response cycles. Journal of Sex & Marital Therapy, 2001. El modelo circular del deseo: la distinción entre deseo espontáneo y reactivo.
  2. Trompeter SE, Bettencourt R, Barrett-Connor E. Sexual Activity and Satisfaction in Healthy Community-Dwelling Older Women. American Journal of Medicine, 2012. Más de 800 mujeres de 40 a 99 años: actividad en todas las décadas y satisfacción ligada a la cercanía emocional.
  3. National Poll on Healthy Aging, University of Michigan, 2018. Personas de 65 a 80 años: actividad, salud general y disponibilidad de pareja.
  4. The North American Menopause Society. The 2020 genitourinary syndrome of menopause position statement. Menopause, 2020. Síntomas genitourinarios, comunicación en consulta y manejo.
  5. National Institute for Health and Care Excellence. NG23, Menopause: identification and management, 2015 (actualizada en 2019). Incluye el bajo deseo como síntoma a identificar y derivar cuando corresponde.
  6. Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria. Texto consolidado en el BOE.

Y fuera de este artículo, como en toda esta casa: si tienes entre 45 y 70 años, la encuesta "Lo que nadie les explicó" son 4 minutos, es anónima y vive en su propia página — cuando se abra, ahí lo dirá.

Preguntas frecuentes

¿Es normal no sentir deseo a los 50?

Es frecuente, y casi nunca es tan simple como "la edad". Los datos muestran actividad y deseo en todas las décadas: un estudio con más de 800 mujeres de 40 a 99 años (Trompeter y cols., 2012) halló actividad sexual en todas ellas, y la encuesta de la Universidad de Míchigan (2018) a una de cada tres mujeres de 65 a 80 sexualmente activas. Mucho de lo que se siente como deseo perdido es circunstancia —dolor, sueño roto, cansancio, medicación, contexto— y la circunstancia se puede tocar. Si viene con tristeza persistente o con estar apagada por dentro, eso es consulta, no carácter.

¿El deseo vuelve solo o hay que hacer algo?

Depende de qué lo esté apagando, y por eso el orden importa: primero el dolor (un cuerpo que anticipa dolor no desea), después el sueño, después el tiempo —sin pantallas y de pareja sin reloj—. Muchas veces el deseo no se ha ido: está escudándose, y asoma cuando el terreno deja de ser hostil. Si con los apoyos básicos bien puestos sigue sin moverse, esa información se lleva a la consulta: hay causas médicas y de medicación que se descartan sentadas delante de una profesional.

¿Un lubricante o un hidratante devuelven el deseo?

No, y conviene que alguien lo diga sin rodeos: quitan fricción y cuidan tejido, que es su trabajo y no es poco, pero ningún producto fabrica apetito. La ley que gobierna la publicidad sanitaria (Real Decreto 1907/1996) prohíbe atribuir a un producto de consumo capacidad de curar o aliviar, y la regla de esta casa va en la misma dirección: cuando el terreno es el deseo, la guía de deseo ordena los apagones y la consulta es la vía para lo que no se resuelve en casa.

¿Con la edad el deseo espontáneo desaparece para siempre?

Cambia de forma, no de importancia. El modelo de Basson (2001) describe el paso de un deseo espontáneo —apetecer de la nada— a un deseo más reactivo, que aparece cuando las cosas ya van bien: contexto, tiempo, contacto, intención. No es un deseo peor; es un deseo que responde a otra llave. Quien espera el impulso antiguo como condición concluye que "ya no me apetece nada" antes de tiempo; quien entiende el cambio suele encontrarse con un deseo más lento y más suyo.

¿Cuándo toca consultar por un bajo deseo?

Cuando pesa, cuando llega de golpe junto con otros cambios o con un cambio de medicación, cuando viene con tristeza persistente o con la sensación de estar apagada por dentro, o cuando hay dolor con las relaciones (en ese caso primero el dolor, porque el orden no es capricho). La sexología clínica existe exactamente para esto y pedirla es lo normal: la guía de la consulta de esta casa explica cómo llevarlo dicho en siete minutos.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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